martes, 9 de enero de 2018

EL GORDO DE LA LOTERÍA


Versión de unos tunos que no le llegan ni a la punta del zapato.


Recojo la carcasa de la velita que encendí ayer, en el segundo aniversario de su muerte, y al contemplar el hueco metálico vacío, sin cera, pienso: él ha dejado un hueco en mi corazón. Pero casi en el mismo segundo cambio esta versión y siento con alegría que no, que no ha dejado un hueco, que mi corazón está lleno de él.

Mi tía siempre repetía, con sorna,"contigo me ha tocado el premio gordo de la lotería". Pero no, eso no era del todo así: el premio gordo nos tocó a todos los suyos, a todos los que lo queríamos y a los que él quería.
Era el alma de nuestras fiestas: "Los ojos de la española" en su versión macarrónica y con demasiadas erres es la banda sonora de nuestra familia, y siempre lo será, y siempre lo será.

Nuestro compañero de juegos de la infancia: jugando a las misas, él era el solemne cura que siempre nos hacía reír al levantar la hostia invisible; jugando a la pelota en el patio, siempre la embarcaba en la casa de la vecina, y cuando le reñíamos, siempre tenía su mejor respuesta preparada: "no he sido yo, ha sido mi mano".Y nosotros, desesperados por la fuerza del autodenominado hombre de hierro, no sabíamos si reír o llorar, porque claro, nos tocaba a alguno de los dos llamar a la puerta de doña Francisca, rezando para que no le hubiera roto otra mata de azucenas.

Fue el único al que mi padre le permitió burlarse de Franco, con esa parodia suya que tenía todo el salero. En alguna cena de fin de año le colgaba un par de medallas y le daba la vara de antiguo alcalde, y él soltaba su discurso, haciendo el movimiento de la mano tonta del generalísimo a la perfección. ¡Y cómo nos reíamos!

El rey de las grandes frases, de esas estupendas frases que compartimos y que no salen de nuestro círculo familiar, frases magnánimas, sentencias redondas, grandes verdades. Yo siempre que digo"quien repite una vez repite dos", "ya está Manolito Cruz haciendo el tonto", "lo , prima", "yo invito pero tu pagas", "aquí, luchando por la vida tranquilamente" y tantas otras, las encabezo con un "como dijo el sabio".

El patriarca de la familia. Mi primazo Eladio, (síndrome down y sabio), la estrella que tuvimos los que no tuvimos que bregar demasiado con él en las horas duras, el gordo que nos tocó en la lotería de la vida.



miércoles, 15 de marzo de 2017

DOBLES VIVOS: JAVIER RUIBAL Y KIKO VENENO.

Los susodichos durante un ensayo, vivitos y coleantes.

Ya va teniendo una edad para recopilatorios y antologías. Los hombres a los que amo también.

Por Reyes me cayó como del cielo el disco doble 35 aniversario de Javier Ruibal. Por mi cumpleaños, un mes largo después, el Doble vivo de Kiko Veneno. Ambos dobles, valientes, en directo.

Las tres primeras acepciones de la palabra regalo que da María Moliner se cumplen de sobra en estos cuatro magníficos discos, mis dos dobles:
1ª acepción- Presente, obsequio: ¡por supuesto que son un obsequio!, dos magníficos obsequios que me ha hecho aquel que mejor me conoce y bien me quiere, y que aciertan de pleno en la diana de mis gustos.

2ªacepción- Placer que una cosa proporciona: ¡y vaya horas placenteras que paso escuchándolos! Repitiendo una y otra vez esa canción de la que no me sacio, saltando de uno al otro según mi ánimo y mi gusto del momento, caprichosa, disfrutando horrores las nuevas versiones de tantas viejas conocidas. 
¡Descubro maravillada que me las sé todas! Y las que no me sé es porque son canciones que han sacado para sus respectivos discos nuevos, y casi casi que ya me las sé.

3ªacepción- Conjunto de comodidades y placeres con que alguien vive: andar en compañía de Javier Ruibal y Kiko Veneno, aunque sea en la cocina donde suelo escuchar mi música mientras hago la comida y marujeo, es un lujazo, un lujazo que me reconforta de tantas horas de soledad como paso en casa, de tantas noticias ruinosas como escucho en la radio, de los años que pasan y se cuelan en los huesos.

Escuchar su bendita música, la de los dos, es algo que me consuela, me acompaña y me enriquece sin ningún género de duda. Muchas veces también me arrebata (en la acepción de María Moliner que dice de algo que atrae a la persona de tal manera con su belleza o encanto que la hace olvidarse de todo lo demás que la rodea).

Ellos no lo saben pero son mis amigos, dos buenos amigos a los que sigo desde muy joven y con los que me he hecho mayor. Ellos también se han hecho mayores, claro, y por eso cantan mejor que nunca.

Gracias a ellos he sido muchas mujeres en una, lo mismo me he puesto en la dubitativa piel de la novia de Corto Maltés, que he sido la vecina ansiosa de Lobo López, la preocupada madre del bandolero Malospelos o la mismísima Reina de África, esa morena que pone el muelle en pie con su garboso paso.

Ellos me han llevado a vivir a sitios tan dispares como Isla Mujeres, el Callejón del Tinte o una Casa-cuartel, y en todos he sido igualmente feliz.

Me han regalado experiencias maravillosas: abanicarse con un abanico de cristal es algo que desde que lo probé se lo recomiendo a todo el mundo, lo mismo que viajar hasta la feria del ganado más chula que un ocho en un mercedes blanco, o perseguir a una linda gallinita extraviada, esa a la que no sabes cómo resistirte, ¡ay!, siendo gitanos, como somos.¡O volar hasta la estrella mejor guardada agarrada a la cola de un Ave del Paraíso!

Javier, con su voz caliente, irresistible, bellísima. 
Kiko genial, más libre desde que todo su pelo es blanco, ya no solo el mechón de su frente.


viernes, 2 de diciembre de 2016

MI ÁRBOL DE LA VIDA


Que no sea por soñar. 

Plantaron en mi acera hace varios años unos naranjos diminutos como palitos. 
Más o menos todos tiraron palante, aguantando con firmeza la fiebre que se apodera de esta ciudad en verano y los sucios charcos que se estancan en sus arriates en invierno, y en estos días primeros de diciembre la mayoría de ellos, orgullosos y simpáticos, luce pequeñas naranjas maduras en sus finas ramas, exóticos árboles de navidad adornados de anaranjadas bolitas frescas y amargas.

Solo el que está bajo mi ventana no cuajó: ni creció ni engordó ni por supuesto ha llegado jamás a dar frutos ni perfumado azahar.
Está ahí enfrente, flaco, desnudo y roto, recordándome a todas horas la tremenda vulnerabilidad de nuestras vidas, la suya y la mía, frágiles seres ambos de raíces y ramas.

Y entonces, cuando lo miro desde mi ventana tan solo y tan raquítico, a veces cierro los ojos y me obligo a soñar un sueño que espero que por repetido y constante, se haga alguna vez realidad. 

Sueño que por la noche vendrán los encargados de parques y jardines del ayuntamiento de Sevilla con sus monos de trabajo a rayas amarillas y verdes y que con una reverencia arrancarán sin esfuerzo las pobres raíces de mi infausto amigo y en su lugar plantarán un hermoso y gigante ficus religiosa de la India. 

Ese ficus milagroso de profundísimas raíces e infinitas ramas, corriendo será tomado por el pueblo que hará de su tronco un altar pintado de color naranja, como ocurre en la India con numerosos árboles, aunque no sean tan grandes y tan bellos como el que está bajo mi ventana. 

La gente le atará cuerdas de colores a mi ficus, colgará campanas de sus ramas más accesibles, buscará una piedra antropomórfica con tres ojos para que ocupe una oquedad de su tamaño en el tronco, dejará a sus pies como ofrendas hermosos racimos de plátanos, bandejas de dulces de coco y papaya, collares de caléndula, cientos de varitas de incienso, mareante y embriagador. 

Decenas de monos rabudos treparán por su grueso tronco y se columpiarán felices de sus ramas. Cornejas plateadas y ninfas de cresta azul harán nido entre sus hojas y me anunciarán cada mañana con sus agudos gritos que el día también empieza lejos de Benarés. 

Los perros del barrio harán suyo muy pronto este árbol de la vida y la abundancia, dormirán a su calor, sestearán a su sombra, en este árbol que hunde sus raíces en el inframundo y que crece hasta llegar a las nubes y más allá, como una inmensa antena que nos une a algo parecido a la Verdad. 

Pero siempre al abrir los ojos ahí sigue mi escuálido antiarbolito, y detrás de él la humeante fábrica de Polvillo. 

Y entonces yo guardo mi sari en un cajón del armario entre bolitas de alcanfor y me vuelvo a poner los vaqueros cuando bajo a comprar pan.  




jueves, 21 de julio de 2016

LA CANCIÓN DEL VERANO

Cigarra. Fea pero resultona.
¿Recordáis esa tortura antigua que se llamaba la canción del verano?

Yo tengo bastantes años como para deciros que sí, que la recuerdo perfectamente, y que ese recuerdo siempre viene acompañado de una gota, no sé si de sudor o de escalofrío, que recorre mi espinazo.

Veo veo, y en ese recuerdo veo a Georgie Dann, el verdugo de la sonrisa perenne, rodeado de bellas señoritas y embutido en un extraño mono plateado, abduciéndonos desde las primeras pantallas en color con obsesivos temazos y con coreografías básicas pero imposibles, tan imposibles que no consiguen microalborotar,¡oh, misterios de la laca!, su mata de pelo negro, y que no se me disguste Camarón.

Ahora habrá otras canciones, otras coreografías de las que no consigo ponerme al tanto debido a la profusión de canales de televisión, vídeos de you tube, emisoras radio o fiestas nocturnas que brinda este mundo plural y disperso, y del que tantísimas veces, deo gratias, estoy ausente.

A pesar del poder de convocatoria y persuasión de estos temas comerciales y aparentemente ligeros, del empeño de las discográficas, de las mañas o las trampas para imponer en las listas uno o varios números uno, para mí la verdadera canción del verano, la única banda sonora que consigue mantenerse año tras año, (casi desde el principio de los tiempos), en el número uno de la más codiciada y banal lista de éxitos, es el canto de la chicharra.

En nuestro verano mediterráneo, a ratos, en las horas de más calor y siempre que haya un árbol y un trozo de sombra, ese canto abdominal y poderoso lo envuelve todo.

Cierto es que más se parece al inquietante sonido que desprenden los cables de alta tensión o a las tétricas vibraciones de los molinos eólicos que a una canción, que de melódico tiene poco, de ligero o ameno menos, pero si te concentras en él, si dejas que se apodere de ti, este canto firme y obsesivo tiene la letra y la música más veraniega que mente humana, incluida la de Georgie Dann, haya podido discurrir para ilustrar el poder y el abandono del verano.

Sabemos lo que hace esta ilustre holgazana durante lo que gran parte de la humanidad llama el buen tiempo. Frente a la provisión dócil y gregaria de la hormiga, ella nos reta desde la sombra, desde esa ambigua sombra que tantas veces se acerca a los cuarenta grados, a cantar y a cantar.

Carpe diem, parece decir la letra de su canción. 

¡Y que no nos venga ese aguafiestas llamado Samaniego a recordarnos otros rigores, los que indefectiblemente traerá el invierno!






domingo, 8 de mayo de 2016

COMO CUENTAS DE VIDRIO QUE CHOCAN

Mishima se toma un té.

¿A qué suena el español?

Nuestro idioma, ese amazonas que se nutre de grandes ríos, mil arroyos cristalinos y alguna que otra charca de agua estancada, suena bien. O por lo menos eso asegura la mayoría de los no hispanohablantes a los que se les pregunta.

Cierto que no hay un español, ni dos ni cien. Solamente en nuestra península una misma palabra se dice con cadencias, ritmos e ímpetu muy distintos según dónde señale la brújula, alargando eses, remarcando jotas, aspirando haches o comiéndose hasta lo más indigesto. 

Así que si no es suficiente con esa variedad peninsular, ahora añadamos archipiélagos, países y hasta continentes, viajemos en el espacio y añadamos también lo que queda de nuestro idioma en lugares remotos como Filipinas, Guinea o el Sahara, viajemos en el tiempo y unamos lo que queda de él en el sefardí o en el español de los moriscos, que es mucho, agitemos con brío todo esto y tendremos lo que tenemos: un gigante bueno y saludable a pesar de que a veces tiene fuertes ataques de tos, un gigante que camina entre los siglos como yo cruzo la acera, un gigante valiente, potente y con muchos brazos. 

Brazos que saludan en todas las direcciones, que abrazan cálidos y que tendrían la capacidad de estrangular al más pintado casi sin esfuerzo si ese gigante quisiera.

A algunos de los que no lo hablan el idioma les suena musical y suave y a otros áspero y guerrero, en la variedad está el gusto, y es verdad que a ambas cosas puede sonar: tenemos vocales abiertas y contundentes, haches aspiradas, jotas guturales y erres muy fuertes, un cóctel sabroso y peleón, qué le vamos a hacer. 

Es cierto que no es lo mismo escuchar el español de la Habana o el español de Albacete, y no me refiero a las palabras, a la riqueza y al significado de las mismas sino solo al sonido, a la diversidad de matices sonoros que se pueden captar en ese gran río que fluye cargado de mil aguas distintas a toda velocidad.

Si tengo que quedarme con la definición de alguien me quedo con la de Mishima, ese escritor extremo y exigente que se hizo el harakiri. Al japonés el español le sonaba a cuentas de vidrio que chocan. 

Fragilidad y fuerza, rotundidad y transparencia. Chispas que saltan cuando con él mismo juega el cristal. 



jueves, 21 de abril de 2016

LARGA VIDA A PINK FLOYD

El cíclope abriendo su ojo en el Cabo de San Vicente.



 la caída de la tarde el viento saca su látigo y azota el frío de mi espalda con ráfagas de acero.

El sol huye de Europa y se esconde tras las lejanas nubes sangrando como un tomate con esquirlas de oro. 

Cojo una piedra y la lanzo por el acantilado, yo no la veo pero sé que cae al mar, a las olas, al agitado fondo azul y negro, sé que ha caído llevándose con ella el secreto de mi juventud perdida y que a partir de este momento lo golpeará contra las rocas para convertirlo en arena.

Piso la tierra parda, los valientes y salvajes matorrales que se atreven a vivir en este fin del mundo, mientras doy otra vuelta al pañuelo alrededor de mi cuello. Tengo frío.

El faro abre su ojo de Cíclope y barre con su luz las tinieblas y lo oscuro, como un diamante loco.

Amenazada por las primeras sombras camino hacia el coche, dos o tres estrellas se agitan en el cielo, la luz del faro gira, guiña y se retuerce inaugurando el reinado de la noche. Aúlla el viento como un lobo al borde de la locura en el cabo de San Vicente.

Acato el mandato antiguo que prohibía a los humanos pisar este lugar sagrado tras la puesta de sol. Ya solo es para el viento, para las piedras, para el océano, para los dioses que abren y cierran las puertas del misterio que habita tras el acantilado.

Entro en el coche y al arrancar, con dedos suaves, me atrapan los narcóticos acordes de la canción.

Acaricio la mano del que ha traído la música exacta para este momento y este lugar. Shine on you crazy diamond. 

Larga vida a Pink Floyd. 



martes, 8 de marzo de 2016

NUESTRO LIBRO SE MERECE UNA FIESTA


Nuestra fiesta va a ser más chula. De la peli Ay, Carmela.
Cuando allá por mayo presentemos nuestro libro de relatos cruzados lo vamos a hacer por todo lo alto. Sin caviar iraní ni Moët & Chandon, no van por ahí los tiros aunque nuestra novela vaya sobre la guerra, pero cuenta con que habrá cerveza a mogollón, música sorprendente y fiesta guapa.

La ocasión lo merece: que cinco españoles se hayan puesto de acuerdo en elegir tema para el libro, que se hayan prestado los personajes, que hayan superado muchas pruebas de corrección propias e impropias, los malos rollos que inevitablemente surgen, que se hayan por lo menos escuchado las críticas de los otros, que hayan tenido la paciencia de esperar un par de años para que el proyecto cuajase, atrevido a autopublicarse y elegido de buen grado un título y portada para el libro, eso merece celebración y fiestorro, mire usted.

Ese día que aún está por venir pero que viene seguro, el Colectivo Guadaltintero se vestirá de negro para la puesta de largo de su libro, y aunque el negro es el color del luto y en nuestro libro hay sangre, dolor y muerte, ese día vamos a brindar juntos, y acompañados de nuestros amigos y todo aquel que se apunte, vibraremos con los acordes a guitarra del Cara al sol o el emotivo estribillo del Ay,Carmela, entre otras cosas.

Invitados están: ¡nuestro libro se merece una fiesta!

Visita los blogs del Colectivo Guadaltintero:
http://guadaltintero.es/
http://mialmacanina.blogspot.com.es/
http://keymono.blogspot.com.es/
https://universointroito.wordpress.com/
http://elchino.es/
http://www.rafaeltellez.com/



Marina. Miliciana.


lunes, 29 de febrero de 2016

"LA GUERRA NUESTRA". NUESTRO LIBRO COMÚN

Número especial de Gibraltar Chronicle con motivo de la guerra civil española.
El Colectivo Guadaltintero, al que pertenezco, acaba de publicar a cinco manos un relato sobre la guerra civil: "La guerra nuestra". 

A cinco manos, sí, pero cada uno de nosotros, diestros o zurdos, con la suya propia, con su mirada, con su corazón, con sus recuerdos prestados, sus lecturas y su imaginación. 

Los cinco relatos se cruzan en algún punto y entonces algunos escenarios de la guerra coinciden, un viejo escapulario cambia de cuello, las mismas pesadas botas caminan en distintos suelos, los personajes dejan de pertenecernos a los autores porque viajan de un texto a otro y en ellos se conocen, se odian, se ayudan o se matan. 

Son cinco relatos en primera persona, o mejor dicho ocho, pues al mío lo acompañan tres muy breves que corresponden a tres de mis personajes secundarios que en ellos adquieren protagonismo. Porque en aquella guerra nuestra fue protagonista todo aquel, toda aquella que la vivió en primera persona, aunque solo tuviera nueve años o pasara toda la contienda con la vista baja, limpiando pescado en el mercado.

El Chato, las dos Sagrarito Gómez, Buenaventura de Dios, Paquita la maestra y ese Ángel poco angelical entre otros, quizás nuestros abuelos o nuestros padres inventados a medias, viven hoy en estos relatos, viajan a través del espacio y el tiempo y vuelven a nosotros en el presente viviendo esa guerra fraticida también un poco nuestra y a veces, a nuestro pesar, aún tan viva. 

("La guerra nuestra" está disponible en Amazon, en papel y en formato digital.)



"Sí. Me morí pero no descansé, ha tenido que pasar algún tiempo para que el silencio se hiciera conmigo. Al final fui más dura de lo que creía.

Qué pena que ciertas cosas las sepa uno solo cuando se muere, qué cegados estáis la mayoría de las veces los vivos.

Hoy por fin tengo sosiego. Y desde esa calma miro con pena y con distancia ese afán loco y tan humano que tantas veces lleva a la desdicha más que al bienestar. Ese afán y esa ceguera que en algún momento infausto nos lanza como caballos sin freno a la más atroz de las desgracias, al fatídico extremo de una violenta e incivilizada guerra entre hermanos.

Desde mi nicho, a veces, escucho el oleaje del mar. La ola rompe en la orilla con un ritmo cardíaco y yo, en mi calma de mariposa en capullo, la confundo con el latido de mi polvoriento corazón.


Yo fui Sagrarito Gómez, la otra Sagrarito Gómez. Hoy ya nadie me recuerda. De mí ya no queda nada, si acaso un hilo de paz".




sábado, 5 de diciembre de 2015

AZAHAR A DESTIEMPO

Flor y fruto obligados a vivir en buena armonía.
En estos días previos a navidad, pasear por Sevilla lleva aparejado un desconcierto olfativo fruto del cambio climático que ya vamos teniendo encima, un desconcierto dulce y refrescante, eso sí, pero que superada la sorpresa y el disfrute, no acaba de gustar. 

Cuando los naranjos de nuestras aceras deberían estar cuajados de naranjas en su punto óptimo de maduración, muchos de ellos, contrariados en su esencia por el anticiclón que se resiste a abandonarnos y que ha mantenido a esta mitad sur de la península en una falsa primavera cuando sonaban ya las doradas flautas del otoño, han florecido. Las naranjas también están ahí, pero comparten con las flores, celosas, la fresca oscuridad de sus ramas.

A esta ciudad que tan bien le sientan algunas veces los tópicos, sobre todo cuando son livianos y afortunados, el olor de la flor del naranjo en diciembre la tiene mareada.

Y es que hay un tiempo para cada cosa, y ahora, este azahar a destiempo, no es más que otro aviso del extravío de la naturaleza, una señal inequívoca de que se están rompiendo ciertos ciclos imprescindibles para la vida, un aroma agridulce y preocupante.


lunes, 23 de noviembre de 2015

PALABRAS AFORTUNADAS

La semana pasada de este mes de noviembre, además de los sinsabores y las pequeñas alegrías rutinarias, de los terribles momentos ligados a la sinrazón, al miedo colectivo y a la desvergüenza habitual de ciertos líderes, además de las guerras, las mujeres muertas a manos de sus parejas, de la intensa contaminación ambiental y la sospecha de la cicatería con que se va a tratar el cambio climático en la conferencia mundial de París, además de todas las cosas difíciles de ver, de oír, de sentir que trajo esta intensa semana, también me vino con el regalo de dos bellas palabras que desconocía: serendipia y hauciar.

De la segunda de sobra últimamente hablamos y los menos afortunados viven su antagónica, deshauciar, que no necesita adjetivos ni explicación; pero su contraria, hauciar, va más allá de la privación material, es como la imagen de un cisne reflejada en el espejo donde se mira un pato tuerto y sin plumas, pues este verbo por desgracia en desuso significa crear esperanza. ¡En desuso! Qué torpes somos ¡como si precisamente hoy crear cualquier clase de esperanza fuera algo superado, inútil!

Si bella es hauciar no se le queda atrás serendipia, que habla de un encuentro afortunado, inesperado, hermoso, cuando en principio estabas buscando otra cosa: un dulce error.

Así que a pesar de los muchos pesares, solo por el feliz encuentro con estas palabras, esta de mitad de noviembre ha sido también una semana cargada de fortuna, como si el papelito que guardaba dentro la galleta china que quizás comí, trajera pintado el ideograma de esperanza.


martes, 17 de noviembre de 2015

SU MARSELLESA

Algunas, muchas veces me dan envidia nuestros vecinos los franceses. Y este sábado, con el dolor y el estupor, también florecieron mi envidia y mi emoción al oírles cantar su himno de modo espontáneo a la salida del fútbol, cuando ya estaban al tanto del horror aún humeante.

La marsellesa, ese himno que tiene compases sublimes dignos de cualquier ópera de Verdi, tiene también y sobre todo en la letra que no se canta, ratillos turbios, racistas o algo violentos, pero no deja de ser grandiosa cuando siempre mejor a coro que en solitario, le canta a la "libertad amada", se pide el perdón para esas "víctimas tristes que a su pesar se arman contra nosotros"o cuando sencillamente se pregunta"¿qué pretende esa horda de esclavos?", palabras  hermosas, definitivas y clarividentes que también y sobre todo sirven para el momento actual.

Aquí, en nuestra innombrable España, no triunfó ni siquiera la letra que Pemán escribió para la Marcha Real, a pesar de que era patriótica hasta el tuétano y de que antes de que se pusiera a hablar de yunques y ruedas, muestra estampas nobles y bonitas como ese "seguir sobre el azul del mar el caminar del sol", una más de esas bellas y emotivas imágenes que los fachas manejaban bien y que en las letras de Montañas Nevadas o el Cara al sol, alcanzaron su brillantísimo cenit.

Si no triunfó la de Pemán, qué decir de la letra que ya en democracia escribieron Juaristi y De Cuenca por encargo, letras que por supuesto ya no recuerdan ni ellos, y aún menos una versión de la que no queda rastro con la que se atrevió el mismísimo Sabina.

Lo más parecido a la letra de nuesto himno, es una letrilla que vociferaban mis sobrinos de pequeños y con la que yo me moría de la risa, esa que dice aquello de "Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer se lo lava con Ariel", tonta pero irreverente y con la que no se habrían atrevido Fofó y Miliki, allá en mi lejana infancia.

No quiero decir yo con esto que nos haga falta letra para un himno ¿eh?, y aún menos en este momento en el que nuestra piel de toro parece que se apurgara un poco por el noreste, pero es cierto que a ratos, por lo menos, consolaría.

sábado, 17 de octubre de 2015

LA ASIGNATURA DE FILOSOFÍA, ATROPELLADA

Platón desnarizado, se pregunta qué pasó.
El último cautivo apagó el interruptor y las sombras se desdibujaron en la pared de la cueva. 

Ni siquiera volvió la cabeza para despedirse del que había sido su lugar de trabajo durante tanto tiempo.Tomó el ascensor y pulsó el botón menos cero. Su audi lo reconoció cuando estaba muy cerca, desplegó los retrovisores y encendió sus faros, dócil como un perro que mueve el rabo al acercase su amo. Se subió al coche y ascendió la empinada cuesta de salida mientras aspiraba la primera calada de su marlboro.

Ya en la calle, todo eran sombras sin luna ni estrellas.

Que no se me olvide mañana mirar el Marca a primera hora, antes de pasarme por la oficina del INEM, pensó mientras exhalaba una larga bocanada de humo. 

Solo fue un roce, pero la gran velocidad del coche la estampó contra un muro. 

La radio vomitaba a todo volumen la canción del momento y el cautivo no oyó el impacto.


La noche más oscura se lo tragó sin que supiera que había atropellado de muerte a la asignatura de filosofía. 


viernes, 18 de septiembre de 2015

LA PESTE BUCÓLICA

El campo olía mal. 

Quizás a causa de una nave avícola cercana, o de un bicho muerto o de una charca putrefacta. 

La casita rural que habían alquilado a las afueras del pueblo de su infancia se convirtió en una trampa para domingueros, un tú y tus ideas ¿no te dije que no me gusta el campo? 

Llevaban semanas planeando estos días pero en vez de estimulantes caminatas, de ventiladas lecturas, de amorosas conversaciones al calor de la chimenea, le tocó escuchar de viernes a domingo un rosario de reproches con voz nasal, soportar un resfriado impostado por las pinzas en la nariz, oler una insufrible peste. 

Qué mala suerte que en vez del aroma de la tierra después de las primeras lluvias hubiera este olor nauseabundo. 
Aunque no tan mala si la decisión, por fin, estaba ya tomada. 

Quizás en el fondo sí habían sido unas vacaciones bucólicas. Sobre todo porque eran las últimas. 

jueves, 9 de julio de 2015

EL FANTASMA DE CERNUDA

Foto de M.R.
Estoy de suerte. Siempre quise vivir en el centro de Sevilla y ahora está en venta la casa de mis sueños, el número 6 de la calle Acetres, donde nació y pasó su infancia el poeta Luis Cernuda.

Cierto que de aquella casa queda poco, que la de ahora se mantiene en pie de milagro, que de la cristalería que ha habido hasta hace no demasiado y que le dio algo de vidilla póstuma no queda más que el cartel vidriado, que a todas luces compraría una ruina de dos plantas y azotea, una ruina cuya reforma no tengo modo de pagar por más vidas que viva, pero no me importa. Yo quiero esa ruina y la quiero precisamente por ser una ruina, ya que lo que yo en verdad deseo poseer es el espíritu de esa casa, el lugar mágico donde me encontraría con el niño fantasma que aún vive en ella.

En esta casa inmutable, eterna, a todas luces inexistente, viviríamos Albanio y yo nuestra quimérica vida, desafiando a la muerte. Sin más entretenimiento que escuchar el lento caer de la gota de agua en la fuente del patio, sin más compañía que la de los peces color escarlata que en dicha fuente aún nadan, sin más faena que la de sorprender a las verdes pilistras en su lento crecimiento, sin más espera que la de la tardía hora en que se descorre la vela para estudiar en la noche el mapa de las estrellas.

Los dos solos, soportando los rigores del verano sentados en el frío mármol, en el primer escalón de la escalera, con un gran atlas de la librería paterna sobre las rodillas, repasando con el dedo transparente rutas de viajes que ambos sabemos que no haremos nunca.

De la dama de noche de otros tiempos nos llegaría a ráfagas el olor, y de la calle, el pregón antiguo del vendedor de jazmines.

A la caída de la tarde subiríamos a la azotea para escuchar el rumor del río cuando todavía era río, y verde y limpio, para ver el perfil de la ciudad cuando todavía era de color gris de plata y no este blanco sucio de humo y colapsadas circunvalaciones.

Juntos el pequeño fantasma de Albanio y yo, disfrutando de esos días que los dos queremos creer eternos, triunfantes sobre la astucia bicorne del tiempo y de la muerte, como pequeños diosecillos sin sombra y sin más reino que las ruinas de esta casa.



Foto de M.R.



miércoles, 6 de mayo de 2015

"AY" QUE JODERSE.

No me gusta el fútbol. Ni a lo que suena, ni a lo que huele.

Como ciertas modas pendulares, hoy eso no está bien visto, como sí lo estuvo por ejemplo en la transición. Quizás mañana vuelva a no estar de moda, con lo cuál yo iré a la moda, no creo que sea yo la que varíe de gusto, aunque nunca debe poner una la mano en el fuego por nada ni por nadie.

No dudo de que algo tiene en las tripas, algo hermoso e hipnotizante, más allá de lo que tiene de espectáculo o de mercado, incluso de deporte, y grandes intelectuales e incluso poetas, lo adoran. Pero yo no llego a sus tripas porque no me gusta ni la superficie, así que  si no meto un pie en las olitas donde rompe ese mar, por lógica no alcanzo a vislumbrar sus hermosas y azules corrientes submarinas.

En ciertos concursos de la tele que miden los conocimientos del público, no saber de fútbol, no alcanzar esa cuota mínima que exige la cultura general, me pone feliz; es la única materia de la que ignorarlo todo me da punto, cosa que no me ocurre cuando fallo en preguntas de cine o de física o música, una ignorancia que me apena.

Dicen quienes lo conocen que más allá de un bonito deporte es un elemento socializador, sobre todo en la infancia, pero también te digo yo que es anti-socializador; aún recuerdo con un estremecimiento de útero los días en los que mi hijo llegaba triste del colegio porque el capitán del equipo no le había permitido jugar el partido en el recreo (cierto que era bastante malo).

Musculitos, tatuajes, modelitos...Será que viajo mucho en autobús o que camino bastante, pero estoy comprobando un hecho que me asquea, y es que no solo no disminuye, sino que va en aumento: el número de varones que escupen en la calle. ¡Y el fútbol también está detrás de eso! Por lo visto los futbolistas escupen mucho en el campo, y ya se sabe que imitar a las estrellas puede más que evitar una costumbre tan horriblemente machocarpetovetónica (¡hala!).

Ahora, lo acabo de oír en las noticias, salen los futbolistas de la liga, esas fieras estrellas millonarias con horripilantes peinados, con que se van a poner en huelga porque pagan demasiados impuestos. Dios de mi vida, como para no tenerles manía.

Cierto, estoy algo pillada. La vida te pone en bandeja situaciones que te disgustan para que aprendas a resolverlas, y debe ser por eso que en un descampado que había frente a mí casa acaban de poner un campo de fútbol con su césped artificial, sus lindas porterías y sus abundantes focos. A esa hora en la que suelo salir a la terraza a leer, ver las nubes y escuchar los gritos de los vencejos, ahora me toca escuchar los gritos de los futbolistas. Pásala, pásala, uuuuuuuy, me cago en tu padre y el pito del árbitro se han convertido de la noche a la mañana en la banda sonora de mis tardes, allí donde antes había vencejos. Y así hasta bien entrada la noche, los gritos y los pitos.

¿No querías sopa? Toma dos platos, hija, y ahora a trabajártelo.

Sí, soy una neuras, no lo niego, pero en este asunto hay demasiada testosterona en juego para mis pobres oídos.

Y encima, para redoblar mi desdicha, está pagado con mi dinero. Así que donde siempre ha habido una hache, la quito y pongo un lamento. Definitivamente "ay"que joderse.









domingo, 12 de abril de 2015

HAIKUS EN EL CORREDOR DE LA MUERTE.

Tengo unas ganas locas de viajar a Japón. Sé que tanto mi lado más curioso como el el más sensual quedarían colmados con la visita. Me he comprado una hucha que sé que difícilmente lograré llenar, pero habiendo renunciado por razones obvias a viajar al espacio, cosa que me encantaría, Japón es lo más parecido a la Luna o a Marte que puedo encontrar, así que eurito a eurito lo mismo en siglo XXII...

Sé de gente que habiendo logrado llegar hasta allí tras planearlo a conciencia, tras muchísimas horas de vuelo y el colosal desembolso económico que supone, solo se ha sorprendido con los helados de dos bolas de ajo y pepino, las sandías cúbicas, la leche con sabor a cerveza pilsen o las chicas vestidas de muñecas manga, que no digo yo que sea poco, pero por supuesto es quedarse en la superficie de un país tan complicado.

Prácticas y costumbres japonesas que nos resultan más o menos conocidas en occidente, como pueden ser los complejos por sencillos arreglos florales del ikebana, la ceremonia del té, las artes marciales o la práctica del sumo, nos muestran que allí todo se hace con alma; nada es gratuito, en casi todo hay una intención diríamos que sagrada, y si no sagrada, al menos alguna intención.

Un país donde se montan largas colas ante ciertas cafeterías donde además de un té se te ofrece la oportunidad de acariciar un gato, es un país cuanto menos interesante; pero Japón no es solo interesante, ni solo impactante desde un punto de vista estético, Japón tiene un alma profunda, extraña, chocante. Compleja, sí, pero hermosa. Y algunas veces cruel.

Conociéndolos solo un poco, es decir que sorpresa sorpresa no es, alucinas un rato si te enteras que se celebró en febrero un macro-funeral budista en Tokio por el alma de montones de perro-robots; no solo hay que estar muy loco para eso, que sí, también es una ceremonia que da muestra de lo profunda y complicada que puede ser el alma humana, y más si ese alma es japonesa, aunque no sea canina.

Sí, Japón es un país raro, de los de alucinar en colores, ya lo sabía, pero me ha hecho falta leer un libro tan desgarrador y tan bello como esta selección de poemas compuestos por condenados a muerte para flipar en todas las gamas del azul y del gris.

Las filólogas Elena Gallego y Seiko Ota, nos presentan en "Haikus en el corredor de la muerte" una antología de poemas escritos por presos, la mayoría de los cuales ya ha muerto en la horca o está aún pendientes de la revisión de su condena, que no sé qué es peor.

Este tipo tan sutil de escritura que se practica en las cárceles es parte de una costumbre más antigua y muy arraigada en la sociedad japonesa, la de componer un poema si estás disgustado, enfermo o triste, incluso si estás a punto de morir, como ocurre en este caso. Testamento vital por escrito, el adiestrarte en esta bella actividad poética a las puertas de la muerte, es vista por ellos, los japoneses, una actividad mucho más productiva que decir o hacer algo fuerte, o que entregarte a la desesperación; me gusta la idea de fondo, quizás yo también sea un poco marciana o tan poco rebelde como ellos.

Sin duda han dado con una fórmula bella de despedida y también estremecedora: plasmar tus últimos pensamientos y emociones en un poema excelso, sobrio y sencillo, de solo diecisiete sílabas. ¡Si la afilada hoja de la guadaña pende cuál espada de Damocles sobre tu cabeza, no grites ni golpees las paredes, escribe un haiku!

Ya escribieron poemas de despedida ancianos ilustrados, antiguos monjes budistas que intuían su fin cercano, los fieros samurais antes de hacerse el harakiri y algunos pilotos kamikazes antes de estrellarse como un viento divino contra el objetivo enemigo. Pero que también se escriban en el corredor de la muerte, me parece estremecedor. Sobre todo porque existe el corredor de la muerte y el final de ese pasillo es oscuro y tenebroso.

Hay que reconocer que estas palabras de despedida son fruto de una sociedad muy refinada, sí, pero también muy puñetera.

Los poemas más numerosos hablan de las madres y otros seres queridos o del pueblo natal, en la mayoría el condenado acepta su destino y soporta su merecida soledad, y en todos está incluido el kigo o palabra de estación, marca por excelencia de un buen haiku.

Si cuando llegue a Japón en el siglo XXII aún continúa la moda de las muchachas disfrazadas, espero que ya no exista allí la pena de muerte, para no llevarme encima el disgusto añadido de que casi ninguna de esas preciosas muñecas sabe que en su país se practica la pena capital, como tampoco sus abuelas que se disfrazaron de princesas manga allá por el sigo XXI lo sabían.


                                    "Solamente de ida
                                     huella dejó
                                     el camino escarchado"

                                              (Fuuten. Ejecutado a los 30 años.)



lunes, 23 de febrero de 2015

SENHORA CABRITA

Calle de Olhao. Foto de S. M.

Ya tenía elegido el apellido para mi alter ego desde hace mucho: Cabrita.

Nada original, aunque lo parezca. Es un apellido relativamente frecuente en el Algarve portugués, junto a Guerreiro, Sousa y Oliveira.

El nombre, Ermelinda, aunque francés de origen, también lo encontré en el Algarve hace algo más de un año escrito en una lápida del viejo y coqueto cementerio de Cacelha Velha.

Así que os saluda desde estas páginas la senhora Cabrita, que también tiene el alma canina. Ermelinda Cabrita para los amigos y para servirles: esa también soy yo.

Mi alter ego portugués tiene mucho de mí misma, y mucho que no soy yo, empezando por mi renuncia a la españolísima eñe, esa severa letra nasal que se cubre del chaparrón hispánico con el paraguas de su virgulilla y que aquí tanto nos marca.

Ese lado absurdo y ligeramente triste que tantas veces me envuelve, queda en el heterónimo perfectamente arropado.

Allí, de ese lado, hablo más suave y por imitar a los portugueses intento reírme menos, aunque eso me cuesta horrores, y puede que al final me ría hasta más.

Mi alter ego de aquel lado comparte con mi ego de este el amor por el paisaje que nos une, por las altas araucarias, la ropa moviéndose en los cordeles y los almendros floridos.

Ambos amamos el Atlántico bravío y el azul impenitente del cielo, las mareas de la ría Formosa y los platos de pulpo bien aliñados. Ambos detestamos el ruido gratuito y la prepotencia.

Como senhora Cabrita me siento cómoda, me quito parte de la carga que conllevan mi nombre y mis apellidos verdaderos. Mas que por bello me gusta porque es elegido, por su punto entre cursi y loco.

Suena bien: la música siempre es importante.

Es un nombre con pequeños cuernos, con desconchones pero con el fulgor de la cal más blanca, añejo pero algo gamberro, absurdo aunque admito a mi pesar que demasiado formal. Con él me siento en casa y a la vez muy lejos.

Ermelinda Cabrita, ese es mi otro nombre: dulce como un fado y potente como un oporto branco bien frío. 


lunes, 26 de enero de 2015

VOTANDO POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES


Este 2015 viene cargadito de oportunidades, como buen año crítico que se precie.

Hastiados de gobiernos marrulleros, de partidos tramposos, de pactos penosos, de lo mismo de siempre con otro collar, de aquello que se ha demostrado más un problema que parte de la solución, en este año de abundantes comicios tenemos la ocasión de probar por fin en política platos nuevos, partidos jóvenes o alianzas exóticas que nos devuelvan la esperanza de que otro modo de hacer política es posible.

Pero un exceso de oportunidades puede darse la vuelta y convertirse en una nueva crisis, siendo este un hecho que no consta en ningún ideograma chino, pero que existir, existe.

Municipales, autonómicas, generales...De la abundancia al hartazgo hay un paso muy pequeño que se nos puede volver en contra.

Solo de pensar en la multitud de campañas atacando por distintos frentes con sus eslóganes, sus cancioncitas, sus caritas fotoshopeadas de hermosísimos líderes ondeando al viento me entra pavor. Los dientes me castañean, y el poco calor que había en mi cuerpo se me escapa por los pies.

Me dan ganas de gritar: ¡por favor, no abusen más de nosotros! 

Y sobre todo: no nos hagan votar por encima de nuestras posibilidades.





viernes, 12 de diciembre de 2014

ARS POÉTICA DE UNA POETA PRIMERIZA


Blanco  puro, blanco hueso, blanco roto, marfil blanco.
El folio grita de pánico cuando se estrella
harto de arrugas
hastiado de mudos estornudos,
al fondo de la papelera.

Yace sobre la mesa de estudio la maraca,
esa maraca que me regalaron cuando niña
repleta de semillas, de arroz y de cristales.
Ha nacido para ser agitada,
para ser bailada,
para ser mecida con el ritmo del oleaje.
Pero duerme sobre la mesa
de cualquier modo
apoyada en un par de manuales de estilo
y el ratón  sin cola  del ordenador.
La maraca lleva tanto tiempo conmigo que soy yo,
yo que no tengo musa que me quiera
ni que quiera cantar boleros
con los compases dormidos de mi afonía.

Musa ingrata: ¡no espantes esa nube de mosquitos!
son chispas de ideas que vuelan sobre mí, en torbellino,
tan cerca y tan lejos, solo a medio palmo.
Algunas  llevan años revoloteando,
otras apenas un rato;
déjalas bailar en su danza concéntrica,
no  vengas a estas alturas con el insecticida,
al menos ten caridad.

Yo podría hablar de sierpes, de rosas, de sirenas,
de su boca y su garganta
o del último día que dije amén.
Podría decir que mis tiros yerran,
que la sangre no mancha ya tu alfombra,
que me he reconciliado con mi nombre,
o que cayeron de uno en uno,
por cien, por más de mil.

Que en nombre de viejos dioses
nuevos corderos son hoy decapitados.
Ambas sabemos de aquello que hay que hablar.

Espero por desgracia
un estado de gracia
que se me resiste
buscando  algo tan obvio como mi voz,
mi voz camuflada entre los gritos de la radio
y tu testarudo silencio.

No tengo edad para andarme por las ramas
pero las ramas me persiguen
me arañan,
construyen laberintos
donde antes hubo espuma,
me hacen tropezar.

No te burles de esta poeta primeriza, musa,
creo en el trabajo aunque no esté sindicada,
échame de vez en cuando una mano
y túmbate a dormir, hermosa,
cuando estés lejos de mí.



martes, 18 de noviembre de 2014

LA COLIFLOR ÁUREA

Esta vez sí que ha sido potente el correctivo:  he comido una coliflor urdida de flores perfectas y me encuentro mucho mejor.

Ni bello romanesco, ni cárdeno brócoli, el prodigio lo ha obrado una humilde coliflor.

Su blanco corazón esculpido con la geometría perfecta que nos regalan los dioses  atrapados en la naturaleza.

Un bocado de purita proporción áurea para contrarrestar tanta mierda como se mete una algunas veces por la boca.