jueves, 21 de abril de 2016

LARGA VIDA A PINK FLOYD

El cíclope abriendo su ojo en el Cabo de San Vicente.



 A la caída de la tarde el viento saca su látigo y azota el frío de mi espalda con ráfagas de acero.

El sol huye de Europa y se esconde tras las lejanas nubes sangrando como un tomate con esquirlas de oro. 

Cojo una piedra y la lanzo por el acantilado, yo no la veo pero sé que cae al mar, a las olas, al agitado fondo azul y negro, sé que ha caído llevándose con ella el secreto de mi juventud perdida y que a partir de este momento lo golpeará contra las rocas para convertirlo en arena.

Piso la tierra parda, los valientes y salvajes matorrales que se atreven a vivir en este fin del mundo, mientras doy otra vuelta al pañuelo alrededor de mi cuello. Tengo frío.

El faro abre su ojo de Cíclope y barre con su luz las tinieblas y lo oscuro, como un diamante loco.

Amenazada por las primeras sombras camino hacia el coche, dos o tres estrellas se agitan en el cielo, la luz del faro gira, guiña y se retuerce inaugurando el reinado de la noche. Aúlla el viento como un lobo al borde de la locura en el cabo de San Vicente.

Acato el mandato antiguo que prohibía a los humanos pisar este lugar sagrado tras la puesta de sol. Ya solo es para el viento, para las piedras, para el océano, para los dioses que abren y cierran las puertas del misterio que habita tras el acantilado.

Entro en el coche y al arrancar, con dedos suaves, me atrapan los narcóticos acordes de la canción.

Acaricio la mano del que ha traído la música exacta para este momento y este lugar. Shine on you crazy diamond. 

Larga vida a Pink Floyd. 



martes, 8 de marzo de 2016

NUESTRO LIBRO SE MERECE UNA FIESTA


Nuestra fiesta va a ser más chula. De la peli Ay, Carmela.
Cuando allá por mayo presentemos nuestro libro de relatos cruzados lo vamos a hacer por todo lo alto. Sin caviar iraní ni Moët & Chandon, no van por ahí los tiros aunque nuestra novela vaya sobre la guerra, pero cuenta con que habrá cerveza a mogollón, música sorprendente y fiesta guapa.

La ocasión lo merece: que cinco españoles se hayan puesto de acuerdo en elegir tema para el libro, que se hayan prestado los personajes, que hayan superado muchas pruebas de corrección propias e impropias, los malos rollos que inevitablemente surgen, que se hayan por lo menos escuchado las críticas de los otros, que hayan tenido la paciencia de esperar un par de años para que el proyecto cuajase, atrevido a autopublicarse y elegido de buen grado un título y portada para el libro, eso merece celebración y fiestorro, mire usted.

Ese día que aún está por venir pero que viene seguro, el Colectivo Guadaltintero se vestirá de negro para la puesta de largo de su libro, y aunque el negro es el color del luto y en nuestro libro hay sangre, dolor y muerte, ese día vamos a brindar juntos, y acompañados de nuestros amigos y todo aquel que se apunte, vibraremos con los acordes a guitarra del Cara al sol o el emotivo estribillo del Ay,Carmela, entre otras cosas.

Invitados están: ¡nuestro libro se merece una fiesta!

Visita los blogs del Colectivo Guadaltintero:
http://guadaltintero.es/
http://mialmacanina.blogspot.com.es/
http://keymono.blogspot.com.es/
https://universointroito.wordpress.com/
http://elchino.es/
http://www.rafaeltellez.com/



Marina. Miliciana.


lunes, 29 de febrero de 2016

"LA GUERRA NUESTRA". NUESTRO LIBRO COMÚN

Número especial de Gibraltar Chronicle con motivo de la guerra civil española.
El Colectivo Guadaltintero, al que pertenezco, acaba de publicar a cinco manos un relato sobre la guerra civil: "La guerra nuestra". 

A cinco manos, sí, pero cada uno de nosotros, diestros o zurdos, con la suya propia, con su mirada, con su corazón, con sus recuerdos prestados, sus lecturas y su imaginación. 

Los cinco relatos se cruzan en algún punto y entonces algunos escenarios de la guerra coinciden, un viejo escapulario cambia de cuello, las mismas pesadas botas caminan en distintos suelos, los personajes dejan de pertenecernos a los autores porque viajan de un texto a otro y en ellos se conocen, se odian, se ayudan o se matan. 

Son cinco relatos en primera persona, o mejor dicho ocho, pues al mío lo acompañan tres muy breves que corresponden a tres de mis personajes secundarios que en ellos adquieren protagonismo. Porque en aquella guerra nuestra fue protagonista todo aquel, toda aquella que la vivió en primera persona, aunque solo tuviera nueve años o pasara toda la contienda con la vista baja, limpiando pescado en el mercado.

El Chato, las dos Sagrarito Gómez, Buenaventura de Dios, Paquita la maestra y ese Ángel poco angelical entre otros, quizás nuestros abuelos o nuestros padres inventados a medias, viven hoy en estos relatos, viajan a través del espacio y el tiempo y vuelven a nosotros en el presente viviendo esa guerra fraticida también un poco nuestra y a veces, a nuestro pesar, aún tan viva. 

("La guerra nuestra" está disponible en Amazon, en papel y en formato digital.)



"Sí. Me morí pero no descansé, ha tenido que pasar algún tiempo para que el silencio se hiciera conmigo. Al final fui más dura de lo que creía.

Qué pena que ciertas cosas las sepa uno solo cuando se muere, qué cegados estáis la mayoría de las veces los vivos.

Hoy por fin tengo sosiego. Y desde esa calma miro con pena y con distancia ese afán loco y tan humano que tantas veces lleva a la desdicha más que al bienestar. Ese afán y esa ceguera que en algún momento infausto nos lanza como caballos sin freno a la más atroz de las desgracias, al fatídico extremo de una violenta e incivilizada guerra entre hermanos.

Desde mi nicho, a veces, escucho el oleaje del mar. La ola rompe en la orilla con un ritmo cardíaco y yo, en mi calma de mariposa en capullo, la confundo con el latido de mi polvoriento corazón.


Yo fui Sagrarito Gómez, la otra Sagrarito Gómez. Hoy ya nadie me recuerda. De mí ya no queda nada, si acaso un hilo de paz".




sábado, 5 de diciembre de 2015

AZAHAR A DESTIEMPO

Flor y fruto obligados a vivir en buena armonía.
En estos días previos a navidad, pasear por Sevilla lleva aparejado un desconcierto olfativo fruto del cambio climático que ya vamos teniendo encima, un desconcierto dulce y refrescante, eso sí, pero que superada la sorpresa y el disfrute, no acaba de gustar. 

Cuando los naranjos de nuestras aceras deberían estar cuajados de naranjas en su punto óptimo de maduración, muchos de ellos, contrariados en su esencia por el anticiclón que se resiste a abandonarnos y que ha mantenido a esta mitad sur de la península en una falsa primavera cuando sonaban ya las doradas flautas del otoño, han florecido. Las naranjas también están ahí, pero comparten con las flores, celosas, la fresca oscuridad de sus ramas.

A esta ciudad que tan bien le sientan algunas veces los tópicos, sobre todo cuando son livianos y afortunados, el olor de la flor del naranjo en diciembre la tiene mareada.

Y es que hay un tiempo para cada cosa, y ahora, este azahar a destiempo, no es más que otro aviso del extravío de la naturaleza, una señal inequívoca de que se están rompiendo ciertos ciclos imprescindibles para la vida, un aroma agridulce y preocupante.


lunes, 23 de noviembre de 2015

PALABRAS AFORTUNADAS

La semana pasada de este mes de noviembre, además de los sinsabores y las pequeñas alegrías rutinarias, de los terribles momentos ligados a la sinrazón, al miedo colectivo y a la desvergüenza habitual de ciertos líderes, además de las guerras, las mujeres muertas a manos de sus parejas, de la intensa contaminación ambiental y la sospecha de la cicatería con que se va a tratar el cambio climático en la conferencia mundial de París, además de todas las cosas difíciles de ver, de oír, de sentir que trajo esta intensa semana, también me vino con el regalo de dos bellas palabras que desconocía: serendipia y hauciar.

De la segunda de sobra últimamente hablamos y los menos afortunados viven su antagónica, deshauciar, que no necesita adjetivos ni explicación; pero su contraria, hauciar, va más allá de la privación material, es como la imagen de un cisne reflejada en el espejo donde se mira un pato tuerto y sin plumas, pues este verbo por desgracia en desuso significa crear esperanza. ¡En desuso! Qué torpes somos ¡como si precisamente hoy crear cualquier clase de esperanza fuera algo superado, inútil!

Si bella es hauciar no se le queda atrás serendipia, que habla de un encuentro afortunado, inesperado, hermoso, cuando en principio estabas buscando otra cosa: un dulce error.

Así que a pesar de los muchos pesares, solo por el feliz encuentro con estas palabras, esta de mitad de noviembre ha sido también una semana cargada de fortuna, como si el papelito que guardaba dentro la galleta china que quizás comí, trajera pintado el ideograma de esperanza.


martes, 17 de noviembre de 2015

SU MARSELLESA

Algunas, muchas veces me dan envidia nuestros vecinos los franceses. Y este sábado, con el dolor y el estupor, también florecieron mi envidia y mi emoción al oírles cantar su himno de modo espontáneo a la salida del fútbol, cuando ya estaban al tanto del horror aún humeante.

La marsellesa, ese himno que tiene compases sublimes dignos de cualquier ópera de Verdi, tiene también y sobre todo en la letra que no se canta, ratillos turbios, racistas o algo violentos, pero no deja de ser grandiosa cuando siempre mejor a coro que en solitario, le canta a la "libertad amada", se pide el perdón para esas "víctimas tristes que a su pesar se arman contra nosotros"o cuando sencillamente se pregunta"¿qué pretende esa horda de esclavos?", palabras  hermosas, definitivas y clarividentes que también y sobre todo sirven para el momento actual.

Aquí, en nuestra innombrable España, no triunfó ni siquiera la letra que Pemán escribió para la Marcha Real, a pesar de que era patriótica hasta el tuétano y de que antes de que se pusiera a hablar de yunques y ruedas, muestra estampas nobles y bonitas como ese "seguir sobre el azul del mar el caminar del sol", una más de esas bellas y emotivas imágenes que los fachas manejaban bien y que en las letras de Montañas Nevadas o el Cara al sol, alcanzaron su brillantísimo cenit.

Si no triunfó la de Pemán, qué decir de la letra que ya en democracia escribieron Juaristi y De Cuenca por encargo, letras que por supuesto ya no recuerdan ni ellos, y aún menos una versión de la que no queda rastro con la que se atrevió el mismísimo Sabina.

Lo más parecido a la letra de nuesto himno, es una letrilla que vociferaban mis sobrinos de pequeños y con la que yo me moría de la risa, esa que dice aquello de "Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer se lo lava con Ariel", tonta pero irreverente y con la que no se habrían atrevido Fofó y Miliki, allá en mi lejana infancia.

No quiero decir yo con esto que nos haga falta letra para un himno ¿eh?, y aún menos en este momento en el que nuestra piel de toro parece que se apurgara un poco por el noreste, pero es cierto que a ratos, por lo menos, consolaría.

sábado, 17 de octubre de 2015

LA ASIGNATURA DE FILOSOFÍA, ATROPELLADA

Platón desnarizado, se pregunta qué pasó.
El último cautivo apagó el interruptor y las sombras se desdibujaron en la pared de la cueva. 

Ni siquiera volvió la cabeza para despedirse del que había sido su lugar de trabajo durante tanto tiempo.Tomó el ascensor y pulsó el botón menos cero. Su audi lo reconoció cuando estaba muy cerca, desplegó los retrovisores y encendió sus faros, dócil como un perro que mueve el rabo al acercase su amo. Se subió al coche y ascendió la empinada cuesta de salida mientras aspiraba la primera calada de su marlboro.

Ya en la calle, todo eran sombras sin luna ni estrellas.

Que no se me olvide mañana mirar el Marca a primera hora, antes de pasarme por la oficina del INEM, pensó mientras exhalaba una larga bocanada de humo. 

Solo fue un roce, pero la gran velocidad del coche la estampó contra un muro. 

La radio vomitaba a todo volumen la canción del momento y el cautivo no oyó el impacto.


La noche más oscura se lo tragó sin que supiera que había atropellado de muerte a la asignatura de filosofía.